La producción de algodón se
encuentra en un ocaso que se traduce en el retroceso en cuanto al mercado internacional,
así mismo son muchos los países que subsidian a sus productores.
Lamentablemente la genética de
nuestros algodones se ha deteriorado con el tiempo. Las plagas foráneas como la
del gusano rosado le están causando daño a los algodonales.
Pero el más grande problema que
tiene que lidiar la maquinaria
textil, es el gran porcentaje de informalidad y corrupción. Tanta
permisividad por parte de la SUNAT así lo comprueba. Y es que esta no se inmuta
por personas creadoras de empresas comercializadoras de algodón, que luego las
desaparecen, y para apropiarse del IGV.
El financiamiento del Estado a
esos comerciantes es inexplicable desde el punto de vista de hacer las cosas
rectas. Como empresarios peruanos que si se preocupan por contar con
equipamiento de primera clase como la maquinaria
para lavanderia sailstar, o los rodillos de planchado, y muchos más. Si
este negocio sigue en manos de un puñado de informales que no podrán financiar,
ni coadyuvar al desarrollo de esta industria, de más está decir que corre gran
peligro.

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